Un encuentro, un comienzo
El pela tardó en darse vuelta lo que demoró en tragar el sorbo de cerveza que acaba de tomar. Cuando lo hizo se sorprendió igual que lo había hecho Roma cuando lo identificó a la distancia.
Para romper el hielo, Roma le dice “ey, qué haces. Nico, ¿no? Estaba pasando justo por acá y me pareció que eras vos y quise venir a saludar”. A lo que Nico, que en cuanto salió de la sorpresa se le dibujó una sonrisa en la cara, le dijo “¡bailarina! Que sorpresa verte por acá, pero sorpresa linda. ¿Cómo estás? Fui a buscarte a la cafetería el otro día pero no estabas”
“Sí, me dijeron las chicas. Trabaja en el otro turno ese día, por eso no estaba. Deberíamos intercambiar Instagram o números para no perder el contacto, ¿no? ¿Qué decís?” Respondió Roma a lo que Nico respondió con una risita tímida y le dijo “opino lo mismo, dame tu Cel así ya te siendo”
Intercambiaron números, también el Instagram, y Roma se sentó al lado suyo. Se miraron, por un segundo que pareció toda una vida, todo se pausó, como si el mundo se hubiera detenido por un momento. Hasta que apareció el mozo del chino a romper con ese extraño hechizo que los dejó con un cosquilleo en la panza a ambos y sin entender mucho qué les había pasado.
En ese momento Roma aprovechó para pedirse una caña a lo que se sumó Nico pidiéndose otra y empezaron a hablar como si fueran viejos amigos mientras las agujas del reloj perdían importancia y todo lo que pasaba a su alrededor también.
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