Roma en acción

 En el brindis de fin de año Roma se propuso, en silencio y para sí misma, dejar de decir “quiero trabajar de lo mío” pero sin hacer nada que la acerque a ese objetivo sino enfocarse en sus proyectos, los pequeños, los grandes, los que la acerquen a lo que ella quiere alcanzar.

Ella es ilustradora, autodidacta, y periodista. Sus pasiones son dibujar y escribir. Nunca se sintió cómoda en un trabajo de esos en los que el objetivo es calentar la silla dentro de cuatro paredes, cumpliendo un horario. Por eso siempre, cada tanto tiempo, cambiaba de rumbo y elegía otra cosa. En cada lugar en el que estuvo hizo distintas cosas, el trabajo de oficina lo intentó, vaya que lo intentó. La estabilidad económica es un gran plus, pero es más fuerte que ella, no consigue sentirse cómoda allí. 

No se le caen los anillos por ningún tipo de trabajo y no tiene issues con eso. Tiene claro que ya no quiere trabajar en relación de dependencia los fines de semana, ya lo hizo mucho y cumplió su cuota, se cansó.

Tuvo muchas crisis para descubrir qué es lo que realmente quiere hacer porque, en él mientras tanto, necesita dinero para vivir en un mundo capitalista en el que el dinero es esencial. Así, este año, luego de ponerse como objetivo de año enfocarse y poner sus energías en sus proyectos, aceptó un trabajo en un café, de lunes a viernes que le da dinero para vivir y tiempo para sus cosas y está muy muy conforme, también porque allí está aprendiendo mucho sobre las personas, los límites, la paciencia. Todo enseña.

Así fue que un día entró un chico a la cafetería, mientras ella festejaba que en media hora ya se terminaba su turno. La agarró justo haciendo el bailecito de quien festeja algo que la hace muy feliz. Cruzaron miradas y se rieron al unísono y ella le dijo “perdóname, me agarraste festejando que ya casi me voy” a lo que el chico respondió “me encantó verlo, se nota que estás feliz”.

Roma lo miró y le sonrió, percatándose de la sonrisa perfecta de dientes blancos que tenía este chico. A su vez, él la miró y le dijo “me llamó Nico, ¿y vos, bailarina?”; “Roma, aunque ahora bailarina me cuadra jaja”.


Continuará…

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