No hacen falta las palabras
La llegada a lo del Pela fue extraña, se sentía extraña la energía entre ambos. Pero cuando frenaron un segundo, se miraron a los ojos y se entendieron. No hizo falta decir nada, cada uno vio sus miedos reflejados en el otro y entendieron todo.
Ahí fue cuando soltaron la tensión, se aflojaron, largaron el aire contenido, aflojaron las miradas y todo se volvió más cálido.
Se dieron la mano y dijeron “pidamos algo para comer y miremos una peli”.

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