Es piel, es conexión, es el alma
Las caricias, los besos, las miradas, el momento en que él entró en ella. Todo fue un antes y un después por lo inesperado del momento, de lo que sintieron, de la conexión, de la naturalidad, de la confianza, del sentimiento de familiaridad que no entendían.
Hicieron el amor durante un tiempo que fue suficiente para marcarlos a fuego. Ninguno de los dos lo estaba buscando pero ambos lo encontraron, lo sintieron. Creyeron que iba a ser un encuentro más y terminó dejándolos sin palabras o con todo por decir. Estaban en una somnolencia de felicidad, de magia, como cuando estás medio adormilado y sonreís sabiendo que tienes toda la noche por delante para descansar.
Esa naturalidad en la felicidad que les dejo el encuentro tan esperado fue lo que sello el pacto implícito entre ambos de que algo había cambiado, de que algo había cambiado y ahora deberían afrontarse a otras cosas. Deberían derribar viejos fantasmas para hacerse cargo de lo que en ese momento comenzaba a nacer en su interior.
Roma fue la primera en cuestionarse algunas cosas.
Continuará…
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